viernes, 4 de enero de 2013

Fatídica llegada (2)



Por fin me hallo en mi destino, pago al buen samaritano y descargo mi equipaje de 22 kilos (¿pero qué demonios traigo?). Intentado liberarme de prejuicios, asciendo por unas escaleras roñosas hasta un piso en el que pone classrooms escrito en la pared. La planta está vacía, no hay recepción, ni alumnos, solo algunas sillas amontonadas en un rincón. Esto es LETS.

Llegados a este punto, y dado que no se ha comentado antes, creo que es necesario saber que yo vengo a Malasia a trabajar como voluntario para el departamento de comunicación de esta ONG, LETS, dedicada a la educación de la juventud sin recursos tanto de Malasia, como de países vecinos entre los que se encuentran Camboya, Indonesia o Timor Leste. Que todo el “research” que he llevado a cabo sobre el sitio al que venía no ha dado más que resultados positivos, imágenes de niños y voluntarios muy felices y testimonios maravillosos, nada turbio, nada cutre, sino un buen proyecto de cooperación con el que me interesaba implicarme y que me daba la oportunidad de venir al sudeste asiático, lugar de gran atractivo para mí.

Prosigo pues. El primer representante de la organización que veo aparece por fin subiendo las escaleras y me encuentra allí parado, algo confuso. Es un tipo alto con pinta de yankee, y un chulo. Le comento que nadie ha ido a buscarme como quedamos, que el teléfono que me dieron estaba apagado y el tipo se limita a encogerse de hombros con un indiferente “sorry for that mate” que me irrita bastante. Tras esto me dice que deje la maleta y vaya al otro edificio de LETS, al final de la calle. En la salida me encuentro a otras dos voluntarias, o lo que demonios sean, les cuento lo que ha pasado y al menos se disculpan con algo más de autenticidad, pero sigue sin parecer que nadie esperase mi llegada.

El otro edifico es aún más sucio, aunque eso a mi me de igual, en la primera planta hay una oficina amplia y allí por lo menos hay más gente y parecen que saben quien soy. Esperan a un tal Víctor que viene de ¿Inglaterra? No, no, perdón de España. ¡Bienvenido a LETS! Wow que emoción, el calor en la oficina es inhumano (en la calle sencillamente no se puede estar con ropa oscura).

La chica que me hizo la entrevista por skype y que ha sido extremadamente amable en los muchísimos emails que nos hemos escrito para preparar mi llegada y estancia está al fondo. La veo y ella me ve a mí pero no hace ademán ni de saludar desde lejos y continúa hablando con un chico (luego me enteraré de que ese chico de aspecto extraño es su marido, pese a que estoy seguro de que ambos tienen menos de 22 años).

Me mandan con una india musulmana a mi habitación, ella me da las llaves, al parecer voy a compartir los escasos 10 metros cuadrados con un tal italiano que está ahora mismo de vacaciones. Bueno, al menos no es Inglés… En la habitación no hay muebles, solo dos camas y un armario de tela diminuto que está atestado con las cosas del susodicho italiano. Ni un triste cajón. Bueno no me importa, hay que ver el lado positivo, es acogedora. Pero tampoco hay cortinas ni persianas, y la luz entra a raudales por el ventanal junto con el calor infernal del sol, bueno, es luminosa, guay.

Voy a ver el baño, y qué baño… compruebo que ninguna de las cisternas de los váteres funciona, y comprendo entonces por qué hay cubos y por qué está todo absolutamente lleno de agua, desde la taza hasta el suelo de dentro y de fuera del cubículo con el retrete. Me propongo comer poco. Sigo adelante, todo parece en obras y está lleno de ropa sucia y zapatos tirados por el suelo. La ducha es para darla de comer a parte. Me he duchado en lugares absolutamente inmundos, con mosquitos que no tenían ni la cortesía de picarte por la espalda o esperar a que estuvieras distraído, pero creo que puedo decir que esta se lleva la palma. No hay apenas luz, las cortinas están más tiradas en el suelo que colgadas, en uno de los receptáculos no hay ni siquiera un desagüe con lo que aquello se parece más a un pantano que a un baño. Hay mucha, pero mucha, porquería en las paredes y el suelo. Pero bueno, al menos el agua sale bien fría y puedo desprenderme un poco del calor que se adhiere a mí como una lapa con mala uva, de las que no salen ni con cuchillo. En cualquier caso, recuerdo haber estado más cómodo en el baño de algún festival, con eso creo que lo digo todo.

Bajo a comer y me cruzó con varias personas, la mayoría malayos que no parecen saber una palabra de inglés, contestan al saludo con la cabeza, si contestan. Me encuentro también a un inglés bastante majete que me da tres claves diferentes para el wi-fi ya que no recuerda cual es la correcta (más tarde compruebo que ninguna de las 3 funciona, pero hasta ahora es la persona más amigable que he encontrado).

La comida consiste en alitas de pollo que parecen hechas de piedra caliza, repollo picante y arroz sin sabor, del que se usa para el curry pero sin curry. Infamia! La Lonely Planet había hecho que se me hiciera la boca agua en el avión con su capítulo sobre la comida malaya, de las mejores y más variadas del sudeste asiático. No debí quejarme (aunque solo fuera mentalmente), pues la cena resultará aún más carcelaria: el arroz y el repollo picante continúan en sus bandejas, pero el pollo ha sido sustituido por huevos duros picantes.

Mientras degusto estos manjares conozco a algunos de los otros integrantes de la ONG, entre ellos el jefe, un indio viejo con muy mal aspecto al que todos llaman “big teacher” y que apenas deja de comer pollo con las manos para saludarme con mucha brevedad. En la misma mesa hay otro inglés, este se parece a Jhon Malkovich, pero no en uno de sus papeles de buen rollo sino en uno de demente, un Cyrus el Virus vamos. Me dice que lleva 10 años trabajando para LETS, y me pregunta con mucha intención que qué quiero conseguir estando allí. Le respondo que una nueva experiencia, que eso es lo que busco en la vida. A él parece gustarle la respuesta, aunque me dice que no todos los que vienen entienden el mensaje, que allí se forma a la juventud no en materias sino en la vida, que todos debemos darnos cuenta del potencial que llevamos dentro y aprender a explotarlo para ser grandes lideres, que eso es en lo que él cree y lo que el “big teacher” enseña: ellos no enseña a aprender, enseñan a vivir. Mal rollito. Sobre todo porque el tío todo esto lo dice con un hilillo de voz y medio cabizbajo. Me doy cuenta mientras me habla que en el cartel de LETS principal del comedor (que es a la vez la oficina) debajo de las siglas pone “love & unity”. Jamás había visto esa consigna en nada de lo que consulté por internet y todo empieza a tener un tufillo a secta que me inquieta y me encanta a partes iguales. Después de todo, no vine buscando ni comodidades, ni dinero rápido, ni un lugar idílico, sino una experiencia diferente.

Tras la conversación con el falso Malkovich la chica de la entrevista, Kirsten, me saluda por fin y me presenta a su marido, ambos andan juntos por la oficina, siempre uno detrás de otro, realmente siniestro.

Me han dicho que empiezo a trabajar mañana así que durante la tarde dormito al sol deshaciéndome en sudor en el camastro que me han proporcionado, consigo pegar ojo porque llevo más de 24 horas sin dormir.

Después de mal cenar, y tras un capítulo grotesco en el que me vuelvo loco buscando mi cartera y pienso que me han robado en mi propia habitación (momento en el que me planteo seriamente irme a un hostal) para luego encontrarla en el sitio donde he cenado, salgo a dar un paseo. La calle está animada pese a que son las 11 de la noche, y encuentro tabaco de liar, que olvidé en España. Bajo una ligera llovizna, atravieso varios callejones y una plaza donde hay muchos chinos comiendo y bebiendo bajo toldos. Es una zona bastante suburbial, de hecho, enseguida llego a una calle que termina abruptamente en una colina llena de arboles; son las inmediaciones de la jungla que rodea la ciudad, y a lo lejos, oigo gritos de monos salvajes (lo cual he de reconocer que me encanta). Busco un lugar adecuado para fumar el único cigarrillo del día, y por fin encuentro un cruce que pese a no tener ni siquiera edificios cerca, goza de una vista decente del skyline de Kuala Lumpur, con las torres Petronas en la lejanía.

Allí, apoyado en un quitamiedos, fumo y reflexiono sobre el día. Pienso que quizá, y pese a todo, haber venido a trabajar a LETS no esté tan mal. Después de todo, estoy en Malasia, rodeado de jungla, y veo las Petronas a lo lejos... Así que sonrío y me vuelvo a casa a dormir.

2 comentarios:

  1. Ese cigarro que saca sonrisas...Pinta muy bien Malasia,yo me voy con la sole pa ya!
    AGUSTIN

    ResponderEliminar